domingo, 29 de noviembre de 2009

El mismo lugar en el que empezamos a soñar y a volar junto a los patos que nos rodeaban a nuestro alrededor, a sabiendas de nuestros secretos ocultos. El mismo rincón donde nos juntamos por primera vez con aquellas tímidas miradas esquivadizas. Aquel mismo banco donde tú mirabas tanto aquel reloj que yo tanto odié, porque ya quería ser él. Esos ojos no se tenían que apartar de mí, yo lo deseaba.

Bajo la lluvia de dos meses depués yo me lleve tú nombre junto al mío atrapado en mi muñeca, se quedó para toda la vida.

Lo prometo.

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