
Os voy a contar la historio del niño que se comia las alarmas del Bershka. Era un chico tímido, en clase siempre eran de los que cuando el profe iba a preguntar, él se escondía detrás de un libro o simplemente disimulaba mirando a otro lado. En el patio, se sentaba en el mismo banco de todos los días y se dedicaba a observar a sus compañeros, unos jugando al futbol, otros con los cromos y otros simplemente estaban en grupo gastandose bromas, para él poco graciosas.
Para los profesores era el alumno perfecto, no se metía en problemas y aunque no sacaba muy buenas notas, para ellos les era bastante. No como otros chicos de su edad que se dedicaban a tirarse papelitos e irse a fumarse unos porros a escondidas en los baños.
Para sus padres, el hijo que todo el mundo espera. Su cuarto siempre ordenado, no se le conocía ninguna novia y siempre hacía lo que papa y mama le mandaban. No salía tampoco hasta muy tarde, y como mucho iba a la sesion golfa del cine, ya que esa era su gran pasión. Siempre había deseado compartir esa afición con alguien, pero hasta que llegase él seguía siendo feliz.
Para los demás el niño bueno que nunca hace nada interesante, nunca se divierte. El ausente que siempre está presente.
Pero, lo que nadie sabe es a lo que se dedica por las noches, cuando todos duermen. Aparte del su gran afición al cine comparte otra afición, por las noches se come las alarmas del Berskha.
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